POESIAS DEDICADAS







Poesia al Cautivo
 
¡Oh, Cristo amable e inocente!
¿Qué quieren hacer contigo?
Han retorcido sus mentes,
y a Ti te han escogido.
 
Perdona a tu pueblo, Señor,
que no sabe lo que se hace.
Te lo pedimos con amor,
por la bondad que nos nace.
 
Tu mirada tan afable,
nos mueve a la compasión;
tus ojos tan agradables
nos hacen pedir comprensión.

Demetrio Mallebrera





Poesia al Sepulcro
 
Siempre que me dirijo a Ti,
Señor y Cristo Yacente,
te pido que cuides de mí,
que conmigo seas paciente.
 
Mira a nuestra Cofradía,
Señor y Cristo acostado.
No permitas en el día a día
que quedes abandonado.
 
Mira también a Monóvar,
Señor y Cristo complaciente.
Sus cabezas, manos y obras,
vidas plenas de alicientes

Demetrio Mallebrera






Oración a Jesús Cautivo

"Señor Jesús, cautivo estás por mi
y yo no acabo de cautivarme por ti.
Tu vida entregas en la soledad
de la mía
y yo no acabo de cautivarme por ti.
Me tiendes una mano de cariño
y yo no acabo de cautivarme por ti.
Te contemplo entre barrotes y escarnecido
y yo no acabo de cautivarme por ti.
JESÚS, CAUTIVO, ayúdanos
a dejarnos cautivar siempre por ti.
Tu Amor y tu Espíritu que nos hace amar
es el mejor y más profundo cautiverio
que nos lleva a la comunión contigo
y con los demás. Amén"

D. Antonio Alcolea (Parroco de Monóvar)



Túnica blanca 

Todos hablaban de un hombre, que viste túnica blanca

Devuelve vista a los ciegos y camina sobre el agua

Cautiva los corazones tan solo con su mirada

Y lleva a cientos de almas pendientes de su palabra

Todos buscaban al hombre, que viste túnica blanca


Ya florecen los jazmines y las flores tienen sabia

La rosa da su perfume y el pez se vistió de plata

Ya tiene el amor matices y el dolor batió sus alas

Y la vida es suave murmullo y la muerte grata esperanza

Que todo lo trajo el hombre que viste túnica blanca


Se secaron los jazmines cerro la rosa fragancia

Y en el huerto hay un olivo regado con sangre santa

La calle de la amargura es hervidero de almas

Y una mujer va buscando al hijo de sus entrañas

Ya lo contemplan sus ojos, ya vio su túnica blanca


El sol se cubrió de sangre, las golondrinas lloraban

En el pecho de una madre siete puñales se clavan

En la cima del calvario tres mujeres sollozaban

Se rasgo el velo del templo y la tierra entera temblaba

En la cruz ha muerto el hombre que vistió túnica blanca


Han pasado varios siglos, varios siglos de esperanza

Pero hoy lo han visto mis ojos con su faz divina y pálida

Ha salido de su templo en noche tibia y callada

Seguido de penitentes que con amor le acompañan

Marchan tras el en silencio, llevan dolor en sus almas

En su corazón la pena y en sus labios la plegaria


Es nuestro padre cautivo, el de la mirada santa

El que dio vista a los ciegos, el que anduvo sobre el agua

Es nuestro Jesús cautivo el de la túnica blanca

El aire mueve sus pliegues y en sus pies palomas blancas

depositan un beso, el que sus hijos le mandan


Que humildad en su semblante que palidez en su cara

Que majestad en su porte, que dulzura en su mirada

Mi alma rompe en sollozos y volando hasta sus plantas

Queda cautiva en sus pliegues, de aquella túnica blanca.

 

Luís Maria Tabernillas.






Santo Cristo Yacente,
Que en nuestra Cofradía
Tanto de noche o de día,
Te tenemos bien presente:
 
Hoy estamos a tu vera
Recordando a tus difuntos,
Apiñados, todos juntos,
En puertas de primavera
 
Quien pudiera resucitarnos,
Quien alzaros de las fosas
En estas fechas hermosas
De Cuaresma, y exaltaros.
 
Monóvar 2 de febrero
Era la primera acta,
Que cualquier corazón exalta
Al veros en candelero.
 
Treinta y siete nombres cuento,
Allá por el cuarenta y uno
No me he dejado ninguno
Y, desde luego, no miento.
 
Seguro que desde el cielo
Veis en las noches de luna
Desfilar como ninguna
A vuestros cofrades con celo.
 
A cofrades y “cofradas”,
Pues hay cientos de mujeres
Que bajo vestas de nieve
Yo no se como llamarlas.
 
Veréis en el Sepulcro a Cristo,
Y por arte de porteadores
Veréis bailar a las flores
Como jamás habéis visto.
 
Mirad desde el infinito
Cientos de cirios en ristre,
Más no poneros muy tristes
Pues sabéis que es muy bonito.
 



Veréis vestas familiares
Con blancos de mil colores,
Que pagasteis con sudores
Y que hoy son especiales.
 
Veréis que las visten los vuestros,
Hijos, nietos, quizás nietas,
¡Y si, aun son vuestras vestas
Todo lo que llevan puesto¡
 
Acaba la procesión,
Y al traspasar el umbral,
Se ve a la gente llorar
De alegría y emoción.
 
Porque Jesús el Yacente,
Como mecido por mar,
Parecen hacerle bailar
Entre asombro de la gente.
 
Un recuerdo a los difuntos
Y que viva nuestra Cofradía,
Que, tanto de noche o de día,
Hacemos grande todos juntos.
 
VIDAL BIS